Una tarde tranquila, el caos abordó a la casa de Fulam en forma de 4 niños: Jonathan, de 8 años, Erica de 6 y los gemelos Robin y George, de 4 años, los mas ruidosos de todos.
Los días que continuaron en la vida de este hombre mayor, fueron, a falta de una palabra mejor, una tormenta:
Una tormenta de ruidos, tirones, pisotones. Una lluvia que moja hasta que el techo se deshace. La paciencia en este caso era infinita e irrompible, pero incluso Fulam cayó al ver todo el deshorden de la casa y el granero.
Sofocado por los insultos, las faltas de respeto, los abusos y los gritos, Fulam, una tarde no muy tranquila, quebró en llanto, y luego de dejar perplejos a los niños, levantó la vista asesina y borrosa:
-Ustedes 4 criaturas del infierno,-aprovecho que estaba su hija Bárbara estaba de compras, y habló con odio-incluso en mi ira voy a ser sensato y les voy a dar a ustedes y a su madre cuando vuelva la oportunidad de que puedan irse antes de que saboree mi sangrienta y morbosa venganza para con ustedes 4...
Todos quietos. Nadie respiraba, nadie pestañeaba. Estaban aterrados por la reacción satánica de su abuelo.
Se empezaron a ir despacio de la habitación.
El viejo se dio media vuelta y siguió con sus cosas con total normalidad. Y aunque haya podido apartarlo fácilmente su discurso lo hirió también a él.
<<Ni siquiera unos niños traviesos se merecen sentir ese miedo>>, pensaba Fulam, que recordaba a sus abuelos y lo tortuosos que habían sido con él.
Espero a que su hija llegara de comprar y la atendió en la puerta:
-Me porte mal con tus hijos Bárbara, les grite y los amenacé. Y solo porque estaba de malhumor, despues de todo son unos pequeños.
-¡No te preocupes, papá! son unos diablos.- la mujer rió a carcajadas y luego preguntó- ¿Y donde están ahora?
-No lo se- dijo inocente Fulam.
Ambos entraron agitados ya que hacia 10 minutos que estaban hablando tranquilamente los dos adultos sin interrupción de algún pequeño. No se oían ruidos en la casa.
Entraron casi asustados a la pieza de Fulam y encontraron a los 4 niños en el suelo dibujando cartas para su abuelo, cartas donde se disculpan con el viejito por sus comportamientos...
Una tarde tranquila, Fulam descubrió cuanto quería a su familia.
FIN
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