Quiero volar,
y es ese el gran secreto del ser humano.
Y como todo gran secreto, esta bien escondido.
Tan escondido,
que nos olvidamos donde lo pusimos.
Tan bobos somos, que cerramos la puerta,
y nos quedamos afuera, con el frío.
Me ensañaron bien.
Y yo aprendí, gente,
la muerte, es abrir, la puerta, que todos quieren abrir.
jueves, 28 de junio de 2012
Conversando, para no estar muerto
El gran auto negro recorría las grises calles del centro. Era una noche como de sueños.
-Te lo digo en serio, nunca había visto una chica así-dijo el conductor riendo -era como de un sueño, pero ya basta de ella. No llamará.
Eran altas horas y ya nadie pisaba aquellas calles. Pocas caras visibles, algún que otro bulto de jóvenes hablando por ahí y ningún auto. La policía, cada tanto.
Solos, aquellas dos personas en el automóvil, uno charlaba, otro escuchaba. Pero David no se engañaba. Sabía que la tan buena relación que estaba entablando ahí, sería de una sola noche nomas. Como con todos. Y eso le dolía un poco.
-Acá dice que tu nombre es Lisandro.- dijo David mientras conducía- Bueno Lisan, espero que esta noche juntos sea especial para vos.- el acompañante yacía inmóvil, no pronunciaba alegría o queja alguna- Después de todo, es pasar solo un buen momento juntos. Conversando. Por que, claro, creo yo, que incluso con tu cuerpo ahí dentro, podes hablar conmigo, sencillamente.
El auto se detuvo en un semáforo de luz roja agresora. David platicaba sin cesar con Lisandro, aprovechando todos los segundos, y este, que no le respondía, no le discutía, no le contradecía, escuchaba apaciblemente. David era libre de hablar hasta de aquello que le daba vergüenza recordar. Era libre de hablar.
Cuando le ilumino la luz verde, continuo su camino manejando y conversando sobre los elefantes de África; y una propaganda de dentífrico en la que le pareció ver tales animales; de una joven de una película que hacía la publicidad; y de una raza de dinosaurios que hallaron en el mar de ese film.
Tanto era lo que David hablaba que se trababa y se pisaba a si mismo con lo que decía. Incluso a veces, se contradecía. Y entonces, metido en una discusión con Lisandro, olvido las oscuras calles del centro, las engañosas y terribles calles del centro, que los sorprendió distraídos con un auto sin luces, y fueron envestidos.
A pesar de haber sido elegidos como protagonistas de aquel violento accidente que cortó, sin duda alguna, la conversación repentinamente, David se movía. Aturdido por el dolor y debilitado por el ruido del destrozo, yacía tendido en el volante, riendo. Muy herido, observo que a su derecha estaba abierto el ataúd de Lisandro, que había roto el vidrio delantero. Lo miro bien.
-Ves Lisandro, tenía el presentimiento de que iba a ser especial esta noche...- y muere riendo.
-Te lo digo en serio, nunca había visto una chica así-dijo el conductor riendo -era como de un sueño, pero ya basta de ella. No llamará.
Eran altas horas y ya nadie pisaba aquellas calles. Pocas caras visibles, algún que otro bulto de jóvenes hablando por ahí y ningún auto. La policía, cada tanto.
Solos, aquellas dos personas en el automóvil, uno charlaba, otro escuchaba. Pero David no se engañaba. Sabía que la tan buena relación que estaba entablando ahí, sería de una sola noche nomas. Como con todos. Y eso le dolía un poco.
-Acá dice que tu nombre es Lisandro.- dijo David mientras conducía- Bueno Lisan, espero que esta noche juntos sea especial para vos.- el acompañante yacía inmóvil, no pronunciaba alegría o queja alguna- Después de todo, es pasar solo un buen momento juntos. Conversando. Por que, claro, creo yo, que incluso con tu cuerpo ahí dentro, podes hablar conmigo, sencillamente.
El auto se detuvo en un semáforo de luz roja agresora. David platicaba sin cesar con Lisandro, aprovechando todos los segundos, y este, que no le respondía, no le discutía, no le contradecía, escuchaba apaciblemente. David era libre de hablar hasta de aquello que le daba vergüenza recordar. Era libre de hablar.
Cuando le ilumino la luz verde, continuo su camino manejando y conversando sobre los elefantes de África; y una propaganda de dentífrico en la que le pareció ver tales animales; de una joven de una película que hacía la publicidad; y de una raza de dinosaurios que hallaron en el mar de ese film.
Tanto era lo que David hablaba que se trababa y se pisaba a si mismo con lo que decía. Incluso a veces, se contradecía. Y entonces, metido en una discusión con Lisandro, olvido las oscuras calles del centro, las engañosas y terribles calles del centro, que los sorprendió distraídos con un auto sin luces, y fueron envestidos.
A pesar de haber sido elegidos como protagonistas de aquel violento accidente que cortó, sin duda alguna, la conversación repentinamente, David se movía. Aturdido por el dolor y debilitado por el ruido del destrozo, yacía tendido en el volante, riendo. Muy herido, observo que a su derecha estaba abierto el ataúd de Lisandro, que había roto el vidrio delantero. Lo miro bien.
-Ves Lisandro, tenía el presentimiento de que iba a ser especial esta noche...- y muere riendo.
jueves, 21 de junio de 2012
Los ojos
<<Que pibe mas denso>> pensó Rocío.
-Dale. Una miradita no se le niega a nadie, linda- insistía el chico
Ella, que mantenía su mirada en el suelo que todos pisaban, yacía nerviosa y alterada. No estaba en sus cabales y el muchacho solo empeoraba su situación.
-No entendés, flaco- sin mirarlo a la cara ni a los ojos- estoy mal.
-¿Qué? - aturdido por los sonidos del boliche, agregó- Disculpa, no te escuche bien, bonita.
Rocío hervía, y sabía que no iba a alejar al chico con esa actitud de tímida y acongojada, simplemente no se iba! Pero...
-¡Para! - sacudió los brazos para alejar al muchacho- ¡No entendés el "no" flaco? Es sencillo ¡ANDATE!
Cuando Rocío mostró la bestia, la cara del muchacho se transformo. De Naranja, a Azulado y finalmente a Gris. Fue testigo de los nervios de aquella chica que sufría. Vió las lágrimas saladas brotar de aquellos ojos color miel. Dentro de ella vio un tesoro que no podia manipular, pero que si podia ver.
El boliche que continuaba en su ecosistema, sonaba como la ultima noche. Y consideraba irrelevante el tesoro y la pelea de los jóvenes.
Pero de repente, así como de la nada, el boliche enteró, se silenció. Rocío no había visto jamas los ojos de aquel muchacho que la había visto soñar, que la había visto soñar, y quedó conmovida por un instante.
Rocío supo reconocer el Amor.
-Dale. Una miradita no se le niega a nadie, linda- insistía el chico
Ella, que mantenía su mirada en el suelo que todos pisaban, yacía nerviosa y alterada. No estaba en sus cabales y el muchacho solo empeoraba su situación.
-No entendés, flaco- sin mirarlo a la cara ni a los ojos- estoy mal.
-¿Qué? - aturdido por los sonidos del boliche, agregó- Disculpa, no te escuche bien, bonita.
Rocío hervía, y sabía que no iba a alejar al chico con esa actitud de tímida y acongojada, simplemente no se iba! Pero...
-¡Para! - sacudió los brazos para alejar al muchacho- ¡No entendés el "no" flaco? Es sencillo ¡ANDATE!
Cuando Rocío mostró la bestia, la cara del muchacho se transformo. De Naranja, a Azulado y finalmente a Gris. Fue testigo de los nervios de aquella chica que sufría. Vió las lágrimas saladas brotar de aquellos ojos color miel. Dentro de ella vio un tesoro que no podia manipular, pero que si podia ver.
El boliche que continuaba en su ecosistema, sonaba como la ultima noche. Y consideraba irrelevante el tesoro y la pelea de los jóvenes.
Pero de repente, así como de la nada, el boliche enteró, se silenció. Rocío no había visto jamas los ojos de aquel muchacho que la había visto soñar, que la había visto soñar, y quedó conmovida por un instante.
Rocío supo reconocer el Amor.
viernes, 15 de junio de 2012
Esperanzas. Para mi, para vos y para él
Un ojo en el cielo,
Una oreja en la tierra,
Una mano en mi hermano
Que postrado se ruega.
Limpiar sin piedad, promete,
Y su alma inquieta arremete,
Mete, en el mundo su vida,
Y se va, perdonando al que nada diga...
Una oreja en la tierra,
Una mano en mi hermano
Que postrado se ruega.
Limpiar sin piedad, promete,
Y su alma inquieta arremete,
Mete, en el mundo su vida,
Y se va, perdonando al que nada diga...
jueves, 14 de junio de 2012
Malentendido
En lo que a mi respecta, no pueden culparme. Es decir, las pericias dirán la verdad ¿no es cierto?
No lo creo... Esto parece ser un gran problema.
¿Quién va a creer que yo no lo hice? Sí las pruebas son claras: Sangre, mis marcas y mi auto detenido.
Hasta yo me mandaría preso. Pero no puedo ir a la cárcel.
No debo dejar que me sentencie un hijo de puta que no confía en mi palabra, o en mi cara, o en mi amor.
Puedo reverenciar un sistema de leyes, inclusive estudiarlo.
Pero puedo repudiarlo si son unos soquetes incompetentes quienes lo aplican.
La calle va oscureciendo. Mi panorama se recorta cada vez más.
La sangre ajena que cubre mi cuerpo se seca y se une a mi piel.
Bajamos en la comisaria, yo esposado y ellos sujetándome.
Y pensar que todo empezó por ayudar un herido en la ruta.
No lo creo... Esto parece ser un gran problema.
¿Quién va a creer que yo no lo hice? Sí las pruebas son claras: Sangre, mis marcas y mi auto detenido.
Hasta yo me mandaría preso. Pero no puedo ir a la cárcel.
No debo dejar que me sentencie un hijo de puta que no confía en mi palabra, o en mi cara, o en mi amor.
Puedo reverenciar un sistema de leyes, inclusive estudiarlo.
Pero puedo repudiarlo si son unos soquetes incompetentes quienes lo aplican.
La calle va oscureciendo. Mi panorama se recorta cada vez más.
La sangre ajena que cubre mi cuerpo se seca y se une a mi piel.
Bajamos en la comisaria, yo esposado y ellos sujetándome.
Y pensar que todo empezó por ayudar un herido en la ruta.
Espejos
La única manera que tenia de ingresar al vestíbulo, era matando al hombre que aguardaba intrusos aquella noche de abril. Los árboles hablaban y sus hojas meneaban con calidad. Usando aquello como distracción, se filtro como una serpiente por detrás del sujeto morrudo. Mientras apretaba la soga para acabar con él, pudo distinguir las voces del interior que iban y venían. Que gritaban, charlaban y reían. Y que, sutilmente, se perdían en los vientos primaverales.
Una vez adentro, identificó con facilidad las puertas que le rodeaban: El Gran Salón (donde estaban los invitados aguardando); la biblioteca a su derecha; una pequeña puerta a su izquierda y junto a ella, las escaleras. Sabía que el anfitrión no había bajado y que esas personas gritaban, algunas por impaciencia, y otras por el simple hecho de tener la lengua amarga.
38 escalones de alfombra roja, y un barandal de madera tallado muy bonito, que acababan en un pasillo muy largo con una única puerta al final. El pasillo estaba decorado con espejos enfrentados en las paredes laterales.Decidido, avanzó sigilosamente por aquel pasaje en el que se veía reflejado siempre que se adelantaba. Sus pasos eran ligeros y veloces, pues desconocía cuanto tiempo tendría allí dentro. Una vez que tocó el picaporte, alcanzó a oír dentro un hombre que lloraba y cubría este sollozo.
Abrió repentinamente con el revólver en la mano. Miró fijo al hombre, pero éste, que estaba sentado de espaldas a su escritorio, pero de frente a un ventanal, del que se veían las personas del Gran Salón, no se dio por aludido.
Aturdido, bajó el arma y preguntó.
-¿Por que llorás?
El hombre sacó sus manos de la cara, volteó y se paró lentamente, y con los ojos mojados dijo.
-Tranquilo. Es hora de despertar- Era su doble exacto.
Una vez adentro, identificó con facilidad las puertas que le rodeaban: El Gran Salón (donde estaban los invitados aguardando); la biblioteca a su derecha; una pequeña puerta a su izquierda y junto a ella, las escaleras. Sabía que el anfitrión no había bajado y que esas personas gritaban, algunas por impaciencia, y otras por el simple hecho de tener la lengua amarga.
38 escalones de alfombra roja, y un barandal de madera tallado muy bonito, que acababan en un pasillo muy largo con una única puerta al final. El pasillo estaba decorado con espejos enfrentados en las paredes laterales.Decidido, avanzó sigilosamente por aquel pasaje en el que se veía reflejado siempre que se adelantaba. Sus pasos eran ligeros y veloces, pues desconocía cuanto tiempo tendría allí dentro. Una vez que tocó el picaporte, alcanzó a oír dentro un hombre que lloraba y cubría este sollozo.
Abrió repentinamente con el revólver en la mano. Miró fijo al hombre, pero éste, que estaba sentado de espaldas a su escritorio, pero de frente a un ventanal, del que se veían las personas del Gran Salón, no se dio por aludido.
Aturdido, bajó el arma y preguntó.
-¿Por que llorás?
El hombre sacó sus manos de la cara, volteó y se paró lentamente, y con los ojos mojados dijo.
-Tranquilo. Es hora de despertar- Era su doble exacto.
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