En lo que a mi respecta, no pueden culparme. Es decir, las pericias dirán la verdad ¿no es cierto?
No lo creo... Esto parece ser un gran problema.
¿Quién va a creer que yo no lo hice? Sí las pruebas son claras: Sangre, mis marcas y mi auto detenido.
Hasta yo me mandaría preso. Pero no puedo ir a la cárcel.
No debo dejar que me sentencie un hijo de puta que no confía en mi palabra, o en mi cara, o en mi amor.
Puedo reverenciar un sistema de leyes, inclusive estudiarlo.
Pero puedo repudiarlo si son unos soquetes incompetentes quienes lo aplican.
La calle va oscureciendo. Mi panorama se recorta cada vez más.
La sangre ajena que cubre mi cuerpo se seca y se une a mi piel.
Bajamos en la comisaria, yo esposado y ellos sujetándome.
Y pensar que todo empezó por ayudar un herido en la ruta.
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