lunes, 17 de septiembre de 2012

Una Tarde Tranquila (Parte 1)

Fulam vivía muy tranquilamente en la casa en la punta de la colina mayor. Su hogar estaba hecho a su medida, pequeña. Pero aun así conservaba ese clima acogedor bajo su techo, y ese aroma que a él tanto le gusta y le hace volver a la juventud.
Fulam reconocía cada vaca, cada cabra, cada perro, cada trébol y cada charco que hizo la lluvia pasada y la  antepasada. Se tomaba su tiempo para recordar, para mirar y para pensar antes de actuar. Sabía que todo estaría en su lugar cuando despertase y eso le mantenía animado; A veces cuando olvidaba algo simplemente lo olvidaba, no trataba de alcanzarlo, lo llama "recuerdo perdido", y eso le daba un rango de calma muy alto.

Lo que Fulam no sabía, y ni siquiera sospechaba, era que su familia, la que vive en el norte, venían de vacaciones a sus tranquilos campos. Y esta gente no son un ejemplo de tranquilidad, o de calma, es ese el motivo por el cual Fulam se alejó de ellos.
Una tarde tranquila como cualquier otra, mientras cortaba unas plantas para su cocina, divisó un auto en la ruta, a lo lejos. Obviamente se preocupo, no solo hacía 12 años que no pasaba nadie por allá, sino que aquel auto era muy similar al de su hija mayor Barbara, la gritona.
Movió la cabeza de lado a lado, como buscando a alguien que le ayudase a mirar. Pero no era necesario, pues a lo 10 minutos, ese auto ruidoso y molesto estaba quieto a 10 metros de su persona. De él salieron esos 4 monstruos, que más que ruidosos, son como un trueno cada uno. Salieron a pique y no se turnaron: saludaron y tironearon, a los gritos, la camisa de su abuelo que los miraba aterrado en su sitio.
La madre de ellos bajó y los calmó con un par de gritos. Saludó a su padre y le dijo que buscaba donde quedarse...

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